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Domaine Rossignol Trapet
Beaune 1er Cru82,75€
78,61€/ud (-5%)
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Domaine Rossignol Trapet
Gevrey Chambertin 1er Cru176,90€
168,05€/ud (-5%)
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Domaine Rossignol Trapet
Gevrey Chambertin 1er Cru188,75€
179,31€/ud (-5%)
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Domaine Rossignol Trapet
Latricières Chambertin Grand Cru332,85€
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Domaine Rossignol Trapet
Latricières Chambertin Grand Cru353,85€
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Domaine Rossignol Trapet
Chapelle Chambertin Grand Cru376,05€
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Domaine Rossignol Trapet
Chapelle Chambertin Grand Cru376,05€
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Domaine Rossignol Trapet
Latricières Chambertin Grand Cru381,15€
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Domaine Rossignol Trapet
Savigny Les Beaune45,10€
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Mostrando 1 a 16 de 16
Comprar Vino de Domaine Rossignol Trapet
Hay nombres que describen una propiedad y otros que contienen una genealogía entera. Domaine Rossignol-Trapet pertenece a los segundos. En él confluyen dos antiguas familias de viticultores borgoñones: los Rossignol, ligados a Volnay, y los Trapet, profundamente arraigados en Gevrey-Chambertin. La unión familiar de Jacques Rossignol y Mado Trapet reunió ambas tradiciones, y la posterior división del patrimonio histórico dio origen al domaine actual, dirigido por los hermanos Nicolas y David Rossignol-Trapet.
Pero aquí la herencia nunca ha sido una pieza inmóvil. Los hermanos recibieron parcelas excepcionales y entendieron que preservarlas exigía algo más que repetir métodos antiguos. Había que volver a escuchar la tierra, recuperar su vitalidad y permitir que cada climat de Borgoña expresara una identidad propia.
Gevrey-Chambertin, entre fuerza y elegancia
Gevrey-Chambertin suele asociarse con vinos profundos, estructurados y longevos. Sin embargo, en sus mejores expresiones también puede ser delicado, luminoso y sorprendentemente aéreo. Ese equilibrio entre autoridad y finura define el estilo de Rossignol-Trapet.
La finca reúne viñedos en Borgoña situados en Gevrey-Chambertin, Beaune y Savigny-lès-Beaune, con una gama que asciende desde los vinos regionales y comunales hasta premiers crus de enorme precisión y tres grands crus de Borgoña legendarios: Chapelle-Chambertin, Latricières-Chambertin y Chambertin.
Chapelle-Chambertin muestra el rostro más envolvente, con fruta seductora, textura pulida y profundidad serena. Latricières-Chambertin resulta más mineral, vertical y austero, construido sobre una energía fría y silenciosa. Chambertin, por su parte, reúne densidad, longitud y una autoridad monumental, siempre atravesadas por frescura y elegancia.
La biodinámica como herramienta
En Domaine Rossignol-Trapet, la viticultura biodinámica no es un discurso comercial, sino una forma de devolver equilibrio al viñedo. El trabajo del suelo, los preparados naturales y la observación de los ciclos persiguen un objetivo concreto: obtener uvas sanas, vivas y capaces de transmitir su origen sin artificios.
Esa filosofía se percibe en vinos de Borgoña transparentes y llenos de movimiento. La fruta aparece acompañada por flores, especias, sotobosque y una mineralidad cambiante. Los taninos son firmes, pero nunca agresivos; la madera acompaña sin dominar, y la madurez aporta profundidad sin sacrificar tensión.
Precisión antes que artificio
En bodega no hay recetas rígidas. La extracción, el uso del racimo entero y la crianza se adaptan a cada parcela y cosecha. El objetivo no es imponer una firma, sino preservar la forma interna de cada terroir borgoñón.
Por eso los vinos Rossignol-Trapet saben ser intensos sin resultar ruidosos. No hay cosmética ni exhibicionismo, sino precisión, frescura y confianza en la tierra.
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Comprar Vino de Domaine Rossignol Trapet
Hay nombres que describen una propiedad y otros que contienen una genealogía entera. Domaine Rossignol-Trapet pertenece a los segundos. En él confluyen dos antiguas familias de viticultores borgoñones: los Rossignol, ligados a Volnay, y los Trapet, profundamente arraigados en Gevrey-Chambertin. La unión familiar de Jacques Rossignol y Mado Trapet reunió ambas tradiciones, y la posterior división del patrimonio histórico dio origen al domaine actual, dirigido por los hermanos Nicolas y David Rossignol-Trapet.
Pero aquí la herencia nunca ha sido una pieza inmóvil. Los hermanos recibieron parcelas excepcionales y entendieron que preservarlas exigía algo más que repetir métodos antiguos. Había que volver a escuchar la tierra, recuperar su vitalidad y permitir que cada climat de Borgoña expresara una identidad propia.
Gevrey-Chambertin, entre fuerza y elegancia
Gevrey-Chambertin suele asociarse con vinos profundos, estructurados y longevos. Sin embargo, en sus mejores expresiones también puede ser delicado, luminoso y sorprendentemente aéreo. Ese equilibrio entre autoridad y finura define el estilo de Rossignol-Trapet.
La finca reúne viñedos en Borgoña situados en Gevrey-Chambertin, Beaune y Savigny-lès-Beaune, con una gama que asciende desde los vinos regionales y comunales hasta premiers crus de enorme precisión y tres grands crus de Borgoña legendarios: Chapelle-Chambertin, Latricières-Chambertin y Chambertin.
Chapelle-Chambertin muestra el rostro más envolvente, con fruta seductora, textura pulida y profundidad serena. Latricières-Chambertin resulta más mineral, vertical y austero, construido sobre una energía fría y silenciosa. Chambertin, por su parte, reúne densidad, longitud y una autoridad monumental, siempre atravesadas por frescura y elegancia.
La biodinámica como herramienta
En Domaine Rossignol-Trapet, la viticultura biodinámica no es un discurso comercial, sino una forma de devolver equilibrio al viñedo. El trabajo del suelo, los preparados naturales y la observación de los ciclos persiguen un objetivo concreto: obtener uvas sanas, vivas y capaces de transmitir su origen sin artificios.
Esa filosofía se percibe en vinos de Borgoña transparentes y llenos de movimiento. La fruta aparece acompañada por flores, especias, sotobosque y una mineralidad cambiante. Los taninos son firmes, pero nunca agresivos; la madera acompaña sin dominar, y la madurez aporta profundidad sin sacrificar tensión.
Precisión antes que artificio
En bodega no hay recetas rígidas. La extracción, el uso del racimo entero y la crianza se adaptan a cada parcela y cosecha. El objetivo no es imponer una firma, sino preservar la forma interna de cada terroir borgoñón.
Por eso los vinos Rossignol-Trapet saben ser intensos sin resultar ruidosos. No hay cosmética ni exhibicionismo, sino precisión, frescura y confianza en la tierra.
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