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Comprar Vino de Cinco Leguas
Hay proyectos que nacen para elaborar vino, y otros que nacen para devolverle la voz a un paisaje entero. Cinco Leguas pertenece sin duda a esta segunda categoría. Desde Chinchón, en el corazón histórico del sureste de Madrid, Marc Isart impulsa una bodega que ha conseguido algo muy poco frecuente: rescatar la memoria rural de la zona, recuperar viejas viñas y convertir todo ello en una de las expresiones más auténticas y emocionantes de los Vinos de Madrid.
El nombre Cinco Leguas no es un recurso romántico sin más. Remite a la antigua delimitación que marcaba el territorio autorizado para abastecer la corte madrileña con vino. Es historia pura, pero también una declaración de identidad. Aquí no se persigue una estética internacional, ni un vino maquillado, ni una lectura complaciente del mercado. Aquí se reivindica el valor del origen, del viñedo viejo, de la variedad local y de una forma de beber mucho más honesta, más vibrante y muchísimo más emocionante.
Madrid puede ser grande, y Cinco Leguas lo demuestra
Durante demasiado tiempo, la región madrileña fue subestimada por buena parte del mundo del vino. Cinco Leguas demuestra justo lo contrario. Sus viñas, repartidas entre Chinchón, Belmonte de Tajo y Colmenar de Oreja, se sitúan entre los 700 y los 800 metros de altitud, en la subzona de Arganda. Esa altitud resulta decisiva: aporta frescura, tensión, claridad aromática y una energía natural que transforma completamente la imagen que muchos todavía tienen del vino madrileño.
A ello se suma una diversidad de suelos extraordinariamente interesante, con presencia de arcilla, caliza, granito y vetas ricas en hierro. Todo esto se traduce en vinos con profundidad, con nervio, con textura y con una personalidad muy marcada. No son vinos de volumen vacío. Son vinos con paisaje, con estructura interna y con un pulso mineral que los hace tremendamente reconocibles.
Malvar, Tinto Fino y el regreso de la identidad
Uno de los mayores aciertos de Cinco Leguas es su apuesta por las variedades tradicionales de la zona. Especialmente relevante es el trabajo con Malvar, una uva histórica de Madrid que aquí alcanza una dimensión fascinante. En manos de Marc Isart, la Malvar no ofrece blancos simples ni aromáticos sin fondo, sino vinos con sustancia, frescura, amargor noble, longitud y una capacidad gastronómica sobresaliente.
También los tintos brillan por su autenticidad. El Tinto Fino local, en ocasiones combinado con Malvar como se hacía antiguamente, da lugar a vinos jugosos, tensos, directos y llenos de vida. Nada de sobremaduración, nada de exceso de madera, nada de musculatura impostada. En Cinco Leguas, el vino fluye, vibra y convence desde la bebida, no desde el artificio.
Viñedo viejo, mínima intervención y máxima verdad
La filosofía de trabajo es tan clara como admirable: respeto absoluto por el campo, trabajo orgánico, enfoque poco intervencionista y elaboraciones pensadas para preservar el carácter de cada parcela. Se vendimia a mano, se trabaja con enorme precisión y se emplean recipientes como hormigón, ánfora o madera usada según lo que exija cada vino, no según una moda. Esa ausencia de dogma resulta crucial.
Porque eso es precisamente lo que hace grande a Cinco Leguas: aquí no hay teatro, hay verdad. No hay maquillaje, hay terruño. No hay un estilo construido para impresionar durante treinta segundos, sino vinos que seducen por su autenticidad, su energía y su capacidad de transmitir lugar.
Cinco Leguas es hoy una de las referencias imprescindibles para entender la nueva grandeza de los Vinos de Madrid. Un proyecto de viñador, de paisaje y de convicción. Un nombre que devuelve prestigio a una zona histórica y que demuestra, botella tras botella, que Madrid también puede emocionar profundamente en la copa.
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14,39₣
13,67₣/ud (-5%)
Parker93
Comprar Vino de Cinco Leguas
Hay proyectos que nacen para elaborar vino, y otros que nacen para devolverle la voz a un paisaje entero. Cinco Leguas pertenece sin duda a esta segunda categoría. Desde Chinchón, en el corazón histórico del sureste de Madrid, Marc Isart impulsa una bodega que ha conseguido algo muy poco frecuente: rescatar la memoria rural de la zona, recuperar viejas viñas y convertir todo ello en una de las expresiones más auténticas y emocionantes de los Vinos de Madrid.
El nombre Cinco Leguas no es un recurso romántico sin más. Remite a la antigua delimitación que marcaba el territorio autorizado para abastecer la corte madrileña con vino. Es historia pura, pero también una declaración de identidad. Aquí no se persigue una estética internacional, ni un vino maquillado, ni una lectura complaciente del mercado. Aquí se reivindica el valor del origen, del viñedo viejo, de la variedad local y de una forma de beber mucho más honesta, más vibrante y muchísimo más emocionante.
Madrid puede ser grande, y Cinco Leguas lo demuestra
Durante demasiado tiempo, la región madrileña fue subestimada por buena parte del mundo del vino. Cinco Leguas demuestra justo lo contrario. Sus viñas, repartidas entre Chinchón, Belmonte de Tajo y Colmenar de Oreja, se sitúan entre los 700 y los 800 metros de altitud, en la subzona de Arganda. Esa altitud resulta decisiva: aporta frescura, tensión, claridad aromática y una energía natural que transforma completamente la imagen que muchos todavía tienen del vino madrileño.
A ello se suma una diversidad de suelos extraordinariamente interesante, con presencia de arcilla, caliza, granito y vetas ricas en hierro. Todo esto se traduce en vinos con profundidad, con nervio, con textura y con una personalidad muy marcada. No son vinos de volumen vacío. Son vinos con paisaje, con estructura interna y con un pulso mineral que los hace tremendamente reconocibles.
Malvar, Tinto Fino y el regreso de la identidad
Uno de los mayores aciertos de Cinco Leguas es su apuesta por las variedades tradicionales de la zona. Especialmente relevante es el trabajo con Malvar, una uva histórica de Madrid que aquí alcanza una dimensión fascinante. En manos de Marc Isart, la Malvar no ofrece blancos simples ni aromáticos sin fondo, sino vinos con sustancia, frescura, amargor noble, longitud y una capacidad gastronómica sobresaliente.
También los tintos brillan por su autenticidad. El Tinto Fino local, en ocasiones combinado con Malvar como se hacía antiguamente, da lugar a vinos jugosos, tensos, directos y llenos de vida. Nada de sobremaduración, nada de exceso de madera, nada de musculatura impostada. En Cinco Leguas, el vino fluye, vibra y convence desde la bebida, no desde el artificio.
Viñedo viejo, mínima intervención y máxima verdad
La filosofía de trabajo es tan clara como admirable: respeto absoluto por el campo, trabajo orgánico, enfoque poco intervencionista y elaboraciones pensadas para preservar el carácter de cada parcela. Se vendimia a mano, se trabaja con enorme precisión y se emplean recipientes como hormigón, ánfora o madera usada según lo que exija cada vino, no según una moda. Esa ausencia de dogma resulta crucial.
Porque eso es precisamente lo que hace grande a Cinco Leguas: aquí no hay teatro, hay verdad. No hay maquillaje, hay terruño. No hay un estilo construido para impresionar durante treinta segundos, sino vinos que seducen por su autenticidad, su energía y su capacidad de transmitir lugar.
Cinco Leguas es hoy una de las referencias imprescindibles para entender la nueva grandeza de los Vinos de Madrid. Un proyecto de viñador, de paisaje y de convicción. Un nombre que devuelve prestigio a una zona histórica y que demuestra, botella tras botella, que Madrid también puede emocionar profundamente en la copa.
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