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Maxime Cheurlin Noëllat
Hautes Côtes de Nuits36,86₣
35,02₣/ud (-5%)
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Maxime Cheurlin Noëllat
Gevrey Chambertin89,64₣
85,16₣/ud (-5%)
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Maxime Cheurlin Noëllat
Chambolle Musigny 1er Cru120,76₣
114,72₣/ud (-5%)
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Maxime Cheurlin Noëllat
Nuits Saint Georges 1er Cru88,94₣
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Comprar Vino de Maxime Cheurlin Noëllat
En la Côte de Nuits hay nombres que no se pronuncian: se susurran. No por misterio, sino por respeto. Maxime Cheurlin Noëllat pertenece a esa estirpe de bodegueros que llegan con la historia escrita detrás—y, aún así, consiguen que todo parezca recién estrenado. Su proyecto lleva un doble latido: continuidad de una saga íntimamente ligada a Vosne-Romanée y, al mismo tiempo, la energía moderna de un vigneron que entiende que el legado sólo vale si se demuestra en cada vendimia.
Maxime tomó las riendas con una precocidad poco común: en 2010, con apenas 20 años, asumió la dirección del histórico Domaine Georges Noëllat en Vosne-Romanée tras el relevo familiar. Desde ese momento, el objetivo fue claro: recuperar el pulso artesanal y la identidad de las viñas, después de un largo paréntesis en el que la producción estuvo vinculada a grandes casas y a una lógica más comercial que autoral. No se trataba de “volver”, sino de reafirmar: que cada botella pudiera leerse como un lugar y una estación, no como una receta.
Vosne-Romanée como punto de fuga
Hablar de Maxime Cheurlin Noëllat es hablar de Borgoña como centro gravitacional. Allí, en ese puñado de calles donde la Borgoña parece caminar de puntillas, su apellido conecta con la memoria profunda de los climats y con una forma de entender el Pinot Noir basada en la precisión, no en la demostración. Aquí el terroir no es eslogan: es una responsabilidad. Y la ambición, cuando es seria, se expresa con detalle: decisiones pequeñas que cambian la textura del vino—un momento exacto de vendimia, una selección más estricta, un trabajo de suelo que privilegia equilibrio y madurez fenólica sin perder nervio.
El proyecto “Cheurlin Noëllat”: ampliar el mapa sin perder el pulso
En paralelo, Maxime Cheurlin Noëllat levantó su propio paraguas: los vinos etiquetados como “Maxime Cheurlin Noëllat”, una expansión inteligente de su universo que incorpora uvas y parcelas vinificadas bajo su control, con el mismo estándar de exigencia. La idea es sencilla y rarísima en su ejecución: ampliar el mapa sin diluir la firma. Porque su lienzo no se limita a un solo pueblo; se despliega por la Côte de Nuits y asoma también a la Côte de Beaune, buscando matices distintos sin abandonar el idioma común de la finura.
La magia está en las diferencias pequeñas
La magia de la Borgoña está en las pequeñas diferencias. Un pliegue de arcilla, una veta de caliza, una exposición que cambia el paso del sol… y el vino se transforma. En zonas como Morey-Saint-Denis, por ejemplo, la combinación de caliza y arcilla puede aportar profundidad y tensión, más estructura interna que exuberancia. El gran mérito de Maxime Cheurlin Noëllat es hacer que esas diferencias se perciban sin esfuerzo: que el vino explique el mapa.
Precisión en bodega: intervención contenida, higiene máxima
En bodega, su enfoque es contemporáneo y sobrio: intervención contenida, limpieza obsesiva, decisiones técnicas al servicio del carácter del año. Se le asocia con fermentaciones que respetan la identidad de la uva, uso medido de racimo entero cuando suma frescura y relieve aromático, y una relación con la madera más de orfebre que de carpintero.
¿A qué sabe Maxime Cheurlin Noëllat? A Borgoña cuando está en calma y, a la vez, en plena forma: perfume nítido, tanino fino, energía interna y longitud apoyada más en la salinidad del suelo que en la dulzura de la fruta. Beberlo es recordar por qué la Borgoña no necesita gritar: le basta con decir la verdad del lugar—con una claridad que, hoy, es el verdadero lujo.
--Comprar Vino de Maxime Cheurlin Noëllat
En la Côte de Nuits hay nombres que no se pronuncian: se susurran. No por misterio, sino por respeto. Maxime Cheurlin Noëllat pertenece a esa estirpe de bodegueros que llegan con la historia escrita detrás—y, aún así, consiguen que todo parezca recién estrenado. Su proyecto lleva un doble latido: continuidad de una saga íntimamente ligada a Vosne-Romanée y, al mismo tiempo, la energía moderna de un vigneron que entiende que el legado sólo vale si se demuestra en cada vendimia.
Maxime tomó las riendas con una precocidad poco común: en 2010, con apenas 20 años, asumió la dirección del histórico Domaine Georges Noëllat en Vosne-Romanée tras el relevo familiar. Desde ese momento, el objetivo fue claro: recuperar el pulso artesanal y la identidad de las viñas, después de un largo paréntesis en el que la producción estuvo vinculada a grandes casas y a una lógica más comercial que autoral. No se trataba de “volver”, sino de reafirmar: que cada botella pudiera leerse como un lugar y una estación, no como una receta.
Vosne-Romanée como punto de fuga
Hablar de Maxime Cheurlin Noëllat es hablar de Borgoña como centro gravitacional. Allí, en ese puñado de calles donde la Borgoña parece caminar de puntillas, su apellido conecta con la memoria profunda de los climats y con una forma de entender el Pinot Noir basada en la precisión, no en la demostración. Aquí el terroir no es eslogan: es una responsabilidad. Y la ambición, cuando es seria, se expresa con detalle: decisiones pequeñas que cambian la textura del vino—un momento exacto de vendimia, una selección más estricta, un trabajo de suelo que privilegia equilibrio y madurez fenólica sin perder nervio.
El proyecto “Cheurlin Noëllat”: ampliar el mapa sin perder el pulso
En paralelo, Maxime Cheurlin Noëllat levantó su propio paraguas: los vinos etiquetados como “Maxime Cheurlin Noëllat”, una expansión inteligente de su universo que incorpora uvas y parcelas vinificadas bajo su control, con el mismo estándar de exigencia. La idea es sencilla y rarísima en su ejecución: ampliar el mapa sin diluir la firma. Porque su lienzo no se limita a un solo pueblo; se despliega por la Côte de Nuits y asoma también a la Côte de Beaune, buscando matices distintos sin abandonar el idioma común de la finura.
La magia está en las diferencias pequeñas
La magia de la Borgoña está en las pequeñas diferencias. Un pliegue de arcilla, una veta de caliza, una exposición que cambia el paso del sol… y el vino se transforma. En zonas como Morey-Saint-Denis, por ejemplo, la combinación de caliza y arcilla puede aportar profundidad y tensión, más estructura interna que exuberancia. El gran mérito de Maxime Cheurlin Noëllat es hacer que esas diferencias se perciban sin esfuerzo: que el vino explique el mapa.
Precisión en bodega: intervención contenida, higiene máxima
En bodega, su enfoque es contemporáneo y sobrio: intervención contenida, limpieza obsesiva, decisiones técnicas al servicio del carácter del año. Se le asocia con fermentaciones que respetan la identidad de la uva, uso medido de racimo entero cuando suma frescura y relieve aromático, y una relación con la madera más de orfebre que de carpintero.
¿A qué sabe Maxime Cheurlin Noëllat? A Borgoña cuando está en calma y, a la vez, en plena forma: perfume nítido, tanino fino, energía interna y longitud apoyada más en la salinidad del suelo que en la dulzura de la fruta. Beberlo es recordar por qué la Borgoña no necesita gritar: le basta con decir la verdad del lugar—con una claridad que, hoy, es el verdadero lujo.
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