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Comprar Vino de Jean Marc Dreyer
Jean - Marc Dreyer no heredó solo viñedos en Rosheim; heredó una historia y la decisión de contarla a su manera. Desde 2003, cuando tomó el mando del dominio familiar, transformó su visión vitivinícola con una claridad radical: máxima expresión del terroir, mínima intervención humana. Aprendió con Patrick Meyer, pionero del vino natural, y desde entonces su brújula ha sido siempre el respeto absoluto por la vid y el suelo.
Rosheim como manifiesto Las seis hectáreas que cultiva —distribuidas en una veintena de parcelas— están plantadas sobre suelos arcillo-calcáreos. Desde 2003 trabaja bajo principios biodinámicos y en 2014 obtiene certificación orgánica. Esta fidelidad al viñedo se traduce en labores suaves, trabajo a caballo, cero herbicidas, y cosechas manuales al alba. En Jean - Marc Dreyer, el vino comienza en la viña y la bodega solo acompaña.
La revolución sutil de las maceraciones Jean - Marc Dreyer ha sabido encontrar una firma inconfundible: sus maceraciones en blanco. En su gama “Origin”, variedades clásicas alsacianas como Riesling, Muscat, Gewürztraminer y Sylvaner se someten a 10–20 días de contacto con pieles, según el carácter de la vendimia. El resultado: vinos con textura, profundidad y una claridad que desarma prejuicios.
Fermentan en fudres y barricas usadas, sin añadidos, sin filtraciones ni clarificaciones. No se busca extracción, sino equilibrio. Son vinos vivos, con una energía tranquila, sin maquillaje, que muestran una belleza directa.
Tintos con alma En Pinot Noir, Jean - Marc Dreyer propone dos expresiones: Elios, más jugoso y ágil, y Anigma, más estructurado, madurado en barrica con elegancia firme. Ambos reflejan su compromiso con lo esencial: fruta precisa, crianza justa y pureza de expresión.
Más allá del varietal, la emoción Jean - Marc Dreyer no persigue protagonismos varietales ni etiquetas llamativas. Cada cuvée —como Argitis, Brutus, Siggi o Tri - Aux— nace del deseo de contar una historia distinta. Algunas tienen notas de oxidación deliberada; otras, una frescura mineral casi salina. Todas beben del mismo principio: dejar que la uva diga lo que tiene que decir.
Producción limitada, visión global Con cerca de 20.000 botellas al año y una exportación que supera el 70 %, sus vinos circulan discretamente por las mejores mesas del mundo. No por marketing, sino por autenticidad. Japón, Escandinavia, Alemania o EE. UU. reconocen en su trabajo una voz única dentro de Alsacia : alguien que no busca agradar, sino conmover.
El vino como escucha Beber un vino de Jean - Marc Dreyer es abrir una conversación con el lugar. No busca impresionar, sino revelar. Cada sorbo tiene algo de piedra, de fruta, de aire y de tiempo. La intervención es mínima, pero la emoción, máxima.
En un mundo de etiquetas ruidosas y modas pasajeras, Jean - Marc Dreyer ofrece algo más raro: silencio, precisión y verdad. Sus vinos no piden aplauso; ofrecen encuentro. Y esa es, quizás, la forma más pura de grandeza.
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Comprar Vino de Jean Marc Dreyer
Jean - Marc Dreyer no heredó solo viñedos en Rosheim; heredó una historia y la decisión de contarla a su manera. Desde 2003, cuando tomó el mando del dominio familiar, transformó su visión vitivinícola con una claridad radical: máxima expresión del terroir, mínima intervención humana. Aprendió con Patrick Meyer, pionero del vino natural, y desde entonces su brújula ha sido siempre el respeto absoluto por la vid y el suelo.
Rosheim como manifiesto Las seis hectáreas que cultiva —distribuidas en una veintena de parcelas— están plantadas sobre suelos arcillo-calcáreos. Desde 2003 trabaja bajo principios biodinámicos y en 2014 obtiene certificación orgánica. Esta fidelidad al viñedo se traduce en labores suaves, trabajo a caballo, cero herbicidas, y cosechas manuales al alba. En Jean - Marc Dreyer, el vino comienza en la viña y la bodega solo acompaña.
La revolución sutil de las maceraciones Jean - Marc Dreyer ha sabido encontrar una firma inconfundible: sus maceraciones en blanco. En su gama “Origin”, variedades clásicas alsacianas como Riesling, Muscat, Gewürztraminer y Sylvaner se someten a 10–20 días de contacto con pieles, según el carácter de la vendimia. El resultado: vinos con textura, profundidad y una claridad que desarma prejuicios.
Fermentan en fudres y barricas usadas, sin añadidos, sin filtraciones ni clarificaciones. No se busca extracción, sino equilibrio. Son vinos vivos, con una energía tranquila, sin maquillaje, que muestran una belleza directa.
Tintos con alma En Pinot Noir, Jean - Marc Dreyer propone dos expresiones: Elios, más jugoso y ágil, y Anigma, más estructurado, madurado en barrica con elegancia firme. Ambos reflejan su compromiso con lo esencial: fruta precisa, crianza justa y pureza de expresión.
Más allá del varietal, la emoción Jean - Marc Dreyer no persigue protagonismos varietales ni etiquetas llamativas. Cada cuvée —como Argitis, Brutus, Siggi o Tri - Aux— nace del deseo de contar una historia distinta. Algunas tienen notas de oxidación deliberada; otras, una frescura mineral casi salina. Todas beben del mismo principio: dejar que la uva diga lo que tiene que decir.
Producción limitada, visión global Con cerca de 20.000 botellas al año y una exportación que supera el 70 %, sus vinos circulan discretamente por las mejores mesas del mundo. No por marketing, sino por autenticidad. Japón, Escandinavia, Alemania o EE. UU. reconocen en su trabajo una voz única dentro de Alsacia : alguien que no busca agradar, sino conmover.
El vino como escucha Beber un vino de Jean - Marc Dreyer es abrir una conversación con el lugar. No busca impresionar, sino revelar. Cada sorbo tiene algo de piedra, de fruta, de aire y de tiempo. La intervención es mínima, pero la emoción, máxima.
En un mundo de etiquetas ruidosas y modas pasajeras, Jean - Marc Dreyer ofrece algo más raro: silencio, precisión y verdad. Sus vinos no piden aplauso; ofrecen encuentro. Y esa es, quizás, la forma más pura de grandeza.
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