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Château de Fuissé
Pouilly Fuissé57,40₣
54,53₣/ud (-5%)
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Château de Fuissé
Pouilly Fuissé 1er Cru67,07₣
63,71₣/ud (-5%)
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Château de Fuissé
Pouilly Fuissé 1er Cru84,42₣
80,20₣/ud (-5%)
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Château de Fuissé
Pouilly Fuissé 1er Cru174,78₣
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Comprar Vino de Château de Fuissé
Hay bodegas que nacen de una viña. Y hay bodegas que nacen de un lugar. Château de Fuissé pertenece a esta segunda estirpe: un château asentado en el corazón de Fuissé desde el siglo XV, refugio de la gente en tiempos difíciles y, desde 1862, techo, brújula y “espina dorsal” de una familia que ha ido dejando su huella —una tras otra— con la misma obsesión: que el vino esté a la altura del sitio.
1862: la decisión que cambió el destino
La historia moderna comienza como empiezan las historias que merecen la pena: con audacia. En 1862, Claude Bulland escucha que hay una gran propiedad en venta en Fuissé. No tiene dinero, pero sí una visión práctica y una intuición rara: caminar hasta el pueblo vecino, ver un edificio maltrecho “con estilo” y, sobre todo, descubrir junto a él un clos amurallado de 2,7 hectáreas. Pide un préstamo —algo poco común entonces— y sella el destino del domaine. Luego llegan la guerra franco-prusiana y la filoxera, y el relato se endurece, como la roca bajo los pies.
Cinco generaciones y una misma obsesión por el terroir
Desde Bulland hasta hoy se suceden cinco generaciones, cada una “aportando su piedra al edificio” familiar. Jacques Vincent, alcalde de Fuissé, defiende en 1922 la singularidad de estos terroirs de Borgoña y empuja el reconocimiento de la denominación. Marcel Vincent, en 1948, compra viñedos y abre camino a la venta embotellada con un marketing todavía incipiente. Jean‑Jacques, desde 1967, afina una idea decisiva: vinificar por parcelas en función de la tipicidad de cada climat, parcelar el pensamiento antes de parcelar el discurso. Y desde 2003, Antoine Vincent orienta el trabajo hacia la precisión en vinificación y métodos sostenibles adaptados al cambio climático, con una humildad que aquí no es pose: es método.
Climats, parcelas y Chardonnay: la firma de la casa
Borgoña se explica con una palabra: climat. En Fuissé, esa palabra se convierte en un mapa de matices. La “marca” de la casa está en la diversidad de sus parcelas: Le Clos, Les Brulés, Les Combettes, Les Perrières… y más de cuarenta climats adicionales, todos plantados exclusivamente con Chardonnay, como si la variedad fuera un prisma y el paisaje, la luz. Aquí no se trata de hacer “un blanco borgoñón”, sino de escuchar cómo cada ladera cambia el timbre del mismo instrumento.
Le Clos: Pouilly-Fuissé Premier Cru monopole
Y entonces aparece el corazón físico y simbólico del dominio: Le Clos. Un clos mítico, amurallado con piedra seca, inseparable del château: 2,7 ha de estratos sucesivos de arcilla calcárea que le dan su personalidad geológica, con cepas de más de 50 años cuidadas con especial atención. En 2020, Le Clos alcanza el rango de Pouilly‑Fuissé Premier Cru monopole, el único monopole de 1er Cru de la denominación: no por ruido, sino por evidencia.
Pensar futuro: precisión y sostenibilidad
Pensar en el futuro, aquí, no es eslogan: es disciplina. “Mirar más allá del día a día” mientras se salvaguardan los logros de los antepasados: preservar valores, patrimonio y la grandeza de los vinos. Esa continuidad se siente también en las bodegas del château: espacios únicos donde aún se vinifican las parcelas individualmente, porque el respeto al origen no se negocia en el último metro.
En la copa: Borgoña como memoria de piedra
Beber Château de Fuissé es probar una idea borgoñona llevada hasta sus últimas consecuencias: vino blanco de Borgoña con la piedra como memoria, el climat como firma, la familia como hilo conductor. No hay atajos cuando el lugar es tan elocuente. Solo precisión, paciencia y esa rara cohesión que nace cuando una casa —literalmente— une a una estirpe.
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18,18₣
17,27₣/ud (-5%)
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Comprar Vino de Château de Fuissé
Hay bodegas que nacen de una viña. Y hay bodegas que nacen de un lugar. Château de Fuissé pertenece a esta segunda estirpe: un château asentado en el corazón de Fuissé desde el siglo XV, refugio de la gente en tiempos difíciles y, desde 1862, techo, brújula y “espina dorsal” de una familia que ha ido dejando su huella —una tras otra— con la misma obsesión: que el vino esté a la altura del sitio.
1862: la decisión que cambió el destino
La historia moderna comienza como empiezan las historias que merecen la pena: con audacia. En 1862, Claude Bulland escucha que hay una gran propiedad en venta en Fuissé. No tiene dinero, pero sí una visión práctica y una intuición rara: caminar hasta el pueblo vecino, ver un edificio maltrecho “con estilo” y, sobre todo, descubrir junto a él un clos amurallado de 2,7 hectáreas. Pide un préstamo —algo poco común entonces— y sella el destino del domaine. Luego llegan la guerra franco-prusiana y la filoxera, y el relato se endurece, como la roca bajo los pies.
Cinco generaciones y una misma obsesión por el terroir
Desde Bulland hasta hoy se suceden cinco generaciones, cada una “aportando su piedra al edificio” familiar. Jacques Vincent, alcalde de Fuissé, defiende en 1922 la singularidad de estos terroirs de Borgoña y empuja el reconocimiento de la denominación. Marcel Vincent, en 1948, compra viñedos y abre camino a la venta embotellada con un marketing todavía incipiente. Jean‑Jacques, desde 1967, afina una idea decisiva: vinificar por parcelas en función de la tipicidad de cada climat, parcelar el pensamiento antes de parcelar el discurso. Y desde 2003, Antoine Vincent orienta el trabajo hacia la precisión en vinificación y métodos sostenibles adaptados al cambio climático, con una humildad que aquí no es pose: es método.
Climats, parcelas y Chardonnay: la firma de la casa
Borgoña se explica con una palabra: climat. En Fuissé, esa palabra se convierte en un mapa de matices. La “marca” de la casa está en la diversidad de sus parcelas: Le Clos, Les Brulés, Les Combettes, Les Perrières… y más de cuarenta climats adicionales, todos plantados exclusivamente con Chardonnay, como si la variedad fuera un prisma y el paisaje, la luz. Aquí no se trata de hacer “un blanco borgoñón”, sino de escuchar cómo cada ladera cambia el timbre del mismo instrumento.
Le Clos: Pouilly-Fuissé Premier Cru monopole
Y entonces aparece el corazón físico y simbólico del dominio: Le Clos. Un clos mítico, amurallado con piedra seca, inseparable del château: 2,7 ha de estratos sucesivos de arcilla calcárea que le dan su personalidad geológica, con cepas de más de 50 años cuidadas con especial atención. En 2020, Le Clos alcanza el rango de Pouilly‑Fuissé Premier Cru monopole, el único monopole de 1er Cru de la denominación: no por ruido, sino por evidencia.
Pensar futuro: precisión y sostenibilidad
Pensar en el futuro, aquí, no es eslogan: es disciplina. “Mirar más allá del día a día” mientras se salvaguardan los logros de los antepasados: preservar valores, patrimonio y la grandeza de los vinos. Esa continuidad se siente también en las bodegas del château: espacios únicos donde aún se vinifican las parcelas individualmente, porque el respeto al origen no se negocia en el último metro.
En la copa: Borgoña como memoria de piedra
Beber Château de Fuissé es probar una idea borgoñona llevada hasta sus últimas consecuencias: vino blanco de Borgoña con la piedra como memoria, el climat como firma, la familia como hilo conductor. No hay atajos cuando el lugar es tan elocuente. Solo precisión, paciencia y esa rara cohesión que nace cuando una casa —literalmente— une a una estirpe.
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