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Comprar Vino de Terra Remota
Más de dos décadas convirtiendo un paisaje áspero y silencioso en una de las voces más personales del Empordà. Eso es Terra Remota. Y precisamente ahí está lo extraordinario: en haber levantado, desde finales de los años noventa, un proyecto que no sólo ha sabido interpretar un territorio de enorme fuerza, sino también refinarlo hasta convertirlo en una referencia de vino catalán elegante, preciso y profundamente contemporáneo.
La familia Bournazeau Florensa descubrió en 1999 este rincón entre Capmany y Sant Climent Sescebes, al pie de la Albera y muy cerca del Mediterráneo. Un lugar retirado, casi secreto, de bosque, granito y viento. No es un paisaje cómodo. No es un paisaje fácil. Pero sí uno de esos lugares que, cuando se comprenden de verdad, pueden dar grandes vinos. Hoy la finca abarca 54 hectáreas, con 26 hectáreas de viñedo, y el nombre Terra Remota resume a la perfección su esencia: una tierra apartada, sí, pero llena de memoria, carácter y sentido.
El Empordà como origen de una gran identidad
Durante demasiado tiempo, el Empordà fue observado con más curiosidad que auténtica reverencia. Sin embargo, proyectos como Terra Remota han demostrado con una claridad aplastante que aquí hay terroir de primer nivel. La combinación de influencia mediterránea, altitud moderada, tramontana constante y una base de suelos graníticos ofrece una tensión natural magnífica para elaborar vinos con frescura, definición y nervio.
Y justamente ahí trabaja Terra Remota con una precisión admirable. El viñedo está plantado con densidades altas para la zona, buscando competencia entre cepas y bajos rendimientos. La viticultura es ecológica, la vendimia manual y la selección extraordinariamente meticulosa. Nada se deja al azar. Todo apunta a una misma idea: sólo con una uva impecable se puede aspirar a un vino verdaderamente grande.
El granito marca el pulso
La magia de Terra Remota está en esos suelos pobres, drenantes, de descomposición granítica, capaces de dar vinos de perfil fino, vibrante y muy limpio. Aquí no hay pesadez. No hay exuberancia sin control. Hay energía, longitud, textura y una mineralidad discreta pero constante que atraviesa toda la gama.
Las variedades mediterráneas, como Garnacha Tinta y Garnacha Blanca, encuentran aquí una expresión especialmente nítida, pero el proyecto también ha sabido integrar uvas como syrah, cabernet sauvignon, chardonnay, chenin o xarel·lo sin perder jamás el hilo conductor del lugar. Eso tiene mucho mérito. Porque en Terra Remota no manda la variedad. Manda el paisaje.
Una bodega al servicio del vino
La bodega, integrada en la ladera, funciona por gravedad y está concebida para intervenir lo mínimo posible. Pequeños depósitos, vinificaciones por parcelas, crianza adaptada a cada vino, trasiegos reducidos y una obsesión evidente por la limpieza y la precisión. Nada de artificio. Nada de gestos grandilocuentes. Aquí todo está orientado a preservar la pureza de la fruta y la identidad del terruño.
Eso explica muy bien el estilo de Terra Remota: vinos de tacto sedoso, maduros pero nunca pesados, intensos pero siempre afinados. Vinos que no buscan impactar por volumen, sino convencer por equilibrio.
Terra Remota sabe a paisaje
Lo fascinante de Terra Remota es su capacidad para transformar un entorno salvaje en armonía. Pocas bodegas logran unir con tanta naturalidad terroir, sensibilidad estética y ambición cualitativa. Sus vinos tienen esa mezcla tan difícil de encontrar: profundidad, honestidad y una elegancia que no necesita levantar la voz.
En un mundo del vino lleno de impostación, Terra Remota representa justo lo contrario: autenticidad, rigor y emoción verdadera. Empordà de altura. Vino español con identidad. Y una bodega que demuestra, botella tras botella, que los grandes lugares no siempre están en el centro del mapa.
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Comprar Vino de Terra Remota
Más de dos décadas convirtiendo un paisaje áspero y silencioso en una de las voces más personales del Empordà. Eso es Terra Remota. Y precisamente ahí está lo extraordinario: en haber levantado, desde finales de los años noventa, un proyecto que no sólo ha sabido interpretar un territorio de enorme fuerza, sino también refinarlo hasta convertirlo en una referencia de vino catalán elegante, preciso y profundamente contemporáneo.
La familia Bournazeau Florensa descubrió en 1999 este rincón entre Capmany y Sant Climent Sescebes, al pie de la Albera y muy cerca del Mediterráneo. Un lugar retirado, casi secreto, de bosque, granito y viento. No es un paisaje cómodo. No es un paisaje fácil. Pero sí uno de esos lugares que, cuando se comprenden de verdad, pueden dar grandes vinos. Hoy la finca abarca 54 hectáreas, con 26 hectáreas de viñedo, y el nombre Terra Remota resume a la perfección su esencia: una tierra apartada, sí, pero llena de memoria, carácter y sentido.
El Empordà como origen de una gran identidad
Durante demasiado tiempo, el Empordà fue observado con más curiosidad que auténtica reverencia. Sin embargo, proyectos como Terra Remota han demostrado con una claridad aplastante que aquí hay terroir de primer nivel. La combinación de influencia mediterránea, altitud moderada, tramontana constante y una base de suelos graníticos ofrece una tensión natural magnífica para elaborar vinos con frescura, definición y nervio.
Y justamente ahí trabaja Terra Remota con una precisión admirable. El viñedo está plantado con densidades altas para la zona, buscando competencia entre cepas y bajos rendimientos. La viticultura es ecológica, la vendimia manual y la selección extraordinariamente meticulosa. Nada se deja al azar. Todo apunta a una misma idea: sólo con una uva impecable se puede aspirar a un vino verdaderamente grande.
El granito marca el pulso
La magia de Terra Remota está en esos suelos pobres, drenantes, de descomposición granítica, capaces de dar vinos de perfil fino, vibrante y muy limpio. Aquí no hay pesadez. No hay exuberancia sin control. Hay energía, longitud, textura y una mineralidad discreta pero constante que atraviesa toda la gama.
Las variedades mediterráneas, como Garnacha Tinta y Garnacha Blanca, encuentran aquí una expresión especialmente nítida, pero el proyecto también ha sabido integrar uvas como syrah, cabernet sauvignon, chardonnay, chenin o xarel·lo sin perder jamás el hilo conductor del lugar. Eso tiene mucho mérito. Porque en Terra Remota no manda la variedad. Manda el paisaje.
Una bodega al servicio del vino
La bodega, integrada en la ladera, funciona por gravedad y está concebida para intervenir lo mínimo posible. Pequeños depósitos, vinificaciones por parcelas, crianza adaptada a cada vino, trasiegos reducidos y una obsesión evidente por la limpieza y la precisión. Nada de artificio. Nada de gestos grandilocuentes. Aquí todo está orientado a preservar la pureza de la fruta y la identidad del terruño.
Eso explica muy bien el estilo de Terra Remota: vinos de tacto sedoso, maduros pero nunca pesados, intensos pero siempre afinados. Vinos que no buscan impactar por volumen, sino convencer por equilibrio.
Terra Remota sabe a paisaje
Lo fascinante de Terra Remota es su capacidad para transformar un entorno salvaje en armonía. Pocas bodegas logran unir con tanta naturalidad terroir, sensibilidad estética y ambición cualitativa. Sus vinos tienen esa mezcla tan difícil de encontrar: profundidad, honestidad y una elegancia que no necesita levantar la voz.
En un mundo del vino lleno de impostación, Terra Remota representa justo lo contrario: autenticidad, rigor y emoción verdadera. Empordà de altura. Vino español con identidad. Y una bodega que demuestra, botella tras botella, que los grandes lugares no siempre están en el centro del mapa.
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