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Comprar Vino de Vincent Wallard
Hay trayectorias que nacen del deseo de romper moldes. La de Vincent Wallard es una de ellas: marcada por el viaje, el encuentro y la reinvención. Antes del vino, Vincent Wallard fue restaurador en Londres, programador de cine y dueño de un bar. El vino no fue un destino, sino un descubrimiento. Todo cambió en 2011, cuando se instaló en Mendoza. Allí se empapó del mundo de los “vinos de pateros”, elaborados sin tecnología, sin corsés, con las manos. Un universo ajeno a la industria, pero lleno de verdad.
Ese primer contacto lo llevó a colaborar con Bodega Cecchin —pionera en malbecs orgánicos sin sulfitos añadidos— y más tarde a dar vida a su propio proyecto: Cuatro Manos – Les Vins Tonton, donde confluyen su espíritu nómada y su pasión por lo auténtico. Hoy vive y vinifica en Berrie, en el Valle del Loira, entre rocas calizas y silencios profundos, desde donde lanza vinos naturales que son un eco líquido de todo lo vivido.
Sin viñedo propio, pero con mirada precisa
Vincent Wallard no cultiva tierras, pero conoce cada parcela desde la raíz. Compra uvas a pequeños viticultores con prácticas orgánicas y biodinámicas. Selecciona con rigor: Chenin, Grolleau, Cabernet Franc, Gamay... variedades que reflejan con claridad el carácter del Loira. En bodega, el enfoque es radicalmente respetuoso: sin sulfitos, sin filtración, sin clarificación. Solo fermentaciones espontáneas y crianza larga sobre lías. Su lugar de vinificación —cuevas excavadas en piedra— aporta frescura natural y tiempo lento. Nada se fuerza.
Vinos vibrantes, vivos y sinceros
Sus vinos naturales franceses son intensos, a veces salvajes, pero siempre con identidad. El Tonton Blanc, elaborado con Chenin, es preciso, salino y vertical. El Tonton Rouge, mezcla de cabernets, fluye con fruta nítida, tensión y rusticidad elegante. Otros, como el P’tit Nouveau o los vinos de Grolleau y Gamay, sorprenden por su frescura crujiente, ligereza y vitalidad. Son vinos que no buscan perfección técnica, sino verdad. Vinos que cuentan historias sin artificios.
Entre Mendoza y el Loira, una coherencia sin fronteras
La dualidad Argentina–Francia no es solo un contraste geográfico. Es un reflejo del alma de Vincent Wallard: la generosidad del sur y la precisión del norte. De Mendoza heredó la desnudez frutal, del Loira, la mineralidad y la finura. Ambos mundos confluyen en cada botella, con una coherencia despojada de dogmas, donde lo importante no es la técnica sino la intención.
Vinos que se viven
Beber un vino de Vincent Wallard es encontrarse con un relato. No hay maquillaje, ni fórmulas. Hay fruta, fermento, tierra y riesgo. Son vinos que vibran, que se salen del libreto, que te invitan a beber pero también a pensar. En un mundo vinícola donde todo tiende a la repetición, Wallard ofrece algo más raro y valioso: la libertad.
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Comprar Vino de Vincent Wallard
Hay trayectorias que nacen del deseo de romper moldes. La de Vincent Wallard es una de ellas: marcada por el viaje, el encuentro y la reinvención. Antes del vino, Vincent Wallard fue restaurador en Londres, programador de cine y dueño de un bar. El vino no fue un destino, sino un descubrimiento. Todo cambió en 2011, cuando se instaló en Mendoza. Allí se empapó del mundo de los “vinos de pateros”, elaborados sin tecnología, sin corsés, con las manos. Un universo ajeno a la industria, pero lleno de verdad.
Ese primer contacto lo llevó a colaborar con Bodega Cecchin —pionera en malbecs orgánicos sin sulfitos añadidos— y más tarde a dar vida a su propio proyecto: Cuatro Manos – Les Vins Tonton, donde confluyen su espíritu nómada y su pasión por lo auténtico. Hoy vive y vinifica en Berrie, en el Valle del Loira, entre rocas calizas y silencios profundos, desde donde lanza vinos naturales que son un eco líquido de todo lo vivido.
Sin viñedo propio, pero con mirada precisa
Vincent Wallard no cultiva tierras, pero conoce cada parcela desde la raíz. Compra uvas a pequeños viticultores con prácticas orgánicas y biodinámicas. Selecciona con rigor: Chenin, Grolleau, Cabernet Franc, Gamay... variedades que reflejan con claridad el carácter del Loira. En bodega, el enfoque es radicalmente respetuoso: sin sulfitos, sin filtración, sin clarificación. Solo fermentaciones espontáneas y crianza larga sobre lías. Su lugar de vinificación —cuevas excavadas en piedra— aporta frescura natural y tiempo lento. Nada se fuerza.
Vinos vibrantes, vivos y sinceros
Sus vinos naturales franceses son intensos, a veces salvajes, pero siempre con identidad. El Tonton Blanc, elaborado con Chenin, es preciso, salino y vertical. El Tonton Rouge, mezcla de cabernets, fluye con fruta nítida, tensión y rusticidad elegante. Otros, como el P’tit Nouveau o los vinos de Grolleau y Gamay, sorprenden por su frescura crujiente, ligereza y vitalidad. Son vinos que no buscan perfección técnica, sino verdad. Vinos que cuentan historias sin artificios.
Entre Mendoza y el Loira, una coherencia sin fronteras
La dualidad Argentina–Francia no es solo un contraste geográfico. Es un reflejo del alma de Vincent Wallard: la generosidad del sur y la precisión del norte. De Mendoza heredó la desnudez frutal, del Loira, la mineralidad y la finura. Ambos mundos confluyen en cada botella, con una coherencia despojada de dogmas, donde lo importante no es la técnica sino la intención.
Vinos que se viven
Beber un vino de Vincent Wallard es encontrarse con un relato. No hay maquillaje, ni fórmulas. Hay fruta, fermento, tierra y riesgo. Son vinos que vibran, que se salen del libreto, que te invitan a beber pero también a pensar. En un mundo vinícola donde todo tiende a la repetición, Wallard ofrece algo más raro y valioso: la libertad.
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