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Comprar Vino de Fumey Chatelain
En el corazón del Jura francés, entre laderas de marga, caliza y neblinas persistentes, florece Fumey-Chatelain. Fundado en 1986 por Adeline Fumey y Raphaël Chatelain, comenzó como productor de uva, pero tras la devastadora helada de 1991, decidieron vinificar sus propias uvas. Así nació una bodega que hoy es una referencia imprescindible para entender el nuevo lenguaje del Jura.
Bajo la dirección de su hijo, Marin Fumey, formado entre viñedos de Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, la bodega ha evolucionado hacia una viticultura más consciente. Desde 2015 está al frente de la elaboración de los vinos, con una filosofía centrada en la expresión pura del terroir, en armonía con el entorno. Actualmente, cultivan 17 hectáreas repartidas en más de 20 parcelas entre Montigny‑lès‑Arsures y Arbois.
Viticultura sin artificios
La transición hacia lo orgánico —con prácticas biodinámicas en muchas parcelas— ha sido natural. El trabajo en el viñedo es minucioso: cubierta vegetal espontánea, tratamientos suaves y vendimia manual. En bodega, se respeta el carácter de la uva: fermentaciones con levaduras indígenas, mínima intervención, sin clarificar ni filtrar. Todo está al servicio de la precisión y la verdad del lugar.
En palabras de Marin: “Los mejores vinos son los más simples”. Esa simplicidad no es básica, sino esencial: permitir que el paisaje hable a través de la copa sin maquillajes ni efectos.
El Jura reinterpretado
Fumey-Chatelain representa una nueva generación de viticultores que se aleja del estilo oxidativo tradicional del Jura, optando por vinos más frescos, verticales y limpios. No reniegan de la herencia, pero la reinterpretan con frescura y naturalidad.
En blancos, su cuvée Fumey Chatelain Arbois Chardonnay muestra fruta amarilla, flor blanca y una mineralidad que evoca piedra mojada. Fumey Chatelain Savagnin Ouillé, criado sin oxidación, revela notas cítricas, de almendra y sal marina, con una tensión que acaricia el paladar.
Su Fumey Chatelain Vin Jaune, envejecido bajo velo durante más de seis años, es una joya de precisión y carácter. Aromas de nuez, curry, manzana seca y ese eco salino tan propio del Jura. Una experiencia sensorial profunda, meditativa, que habla de tiempo y paciencia.
En tintos, sus Ploussard y Trousseau son de una delicadeza extraordinaria. Fermentados con racimo entero y crianza en fudres o depósitos neutros, ofrecen fruta roja fresca, estructura sutil y un perfil ligero pero persistente. Especial mención merece el vino Fumey Chatelain Non Sin Tou Tsefs, un tinto vibrante, sin sulfitos añadidos, que resume la espontaneidad de la casa.
Vinos con sentido
Beber un vino de Fumey-Chatelain es sumergirse en un Jura actual, luminoso y honesto. Cada botella cuenta una historia de respeto, de territorio y de evolución sin dogmas. Marin Fumey no busca imponer un estilo, sino acompañar al vino hasta su forma más auténtica.
Pese a su tamaño familiar, la proyección de la bodega es global. Sus vinos están presentes en las mejores mesas y tiendas especializadas de Europa, EE. UU. y Asia. Lo que atrae no es solo su calidad, sino su coherencia: una narrativa moderna anclada en lo esencial.
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23,95€
22,75€/ud (-5%)
Parker92 -
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Comprar Vino de Fumey Chatelain
En el corazón del Jura francés, entre laderas de marga, caliza y neblinas persistentes, florece Fumey-Chatelain. Fundado en 1986 por Adeline Fumey y Raphaël Chatelain, comenzó como productor de uva, pero tras la devastadora helada de 1991, decidieron vinificar sus propias uvas. Así nació una bodega que hoy es una referencia imprescindible para entender el nuevo lenguaje del Jura.
Bajo la dirección de su hijo, Marin Fumey, formado entre viñedos de Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, la bodega ha evolucionado hacia una viticultura más consciente. Desde 2015 está al frente de la elaboración de los vinos, con una filosofía centrada en la expresión pura del terroir, en armonía con el entorno. Actualmente, cultivan 17 hectáreas repartidas en más de 20 parcelas entre Montigny‑lès‑Arsures y Arbois.
Viticultura sin artificios
La transición hacia lo orgánico —con prácticas biodinámicas en muchas parcelas— ha sido natural. El trabajo en el viñedo es minucioso: cubierta vegetal espontánea, tratamientos suaves y vendimia manual. En bodega, se respeta el carácter de la uva: fermentaciones con levaduras indígenas, mínima intervención, sin clarificar ni filtrar. Todo está al servicio de la precisión y la verdad del lugar.
En palabras de Marin: “Los mejores vinos son los más simples”. Esa simplicidad no es básica, sino esencial: permitir que el paisaje hable a través de la copa sin maquillajes ni efectos.
El Jura reinterpretado
Fumey-Chatelain representa una nueva generación de viticultores que se aleja del estilo oxidativo tradicional del Jura, optando por vinos más frescos, verticales y limpios. No reniegan de la herencia, pero la reinterpretan con frescura y naturalidad.
En blancos, su cuvée Fumey Chatelain Arbois Chardonnay muestra fruta amarilla, flor blanca y una mineralidad que evoca piedra mojada. Fumey Chatelain Savagnin Ouillé, criado sin oxidación, revela notas cítricas, de almendra y sal marina, con una tensión que acaricia el paladar.
Su Fumey Chatelain Vin Jaune, envejecido bajo velo durante más de seis años, es una joya de precisión y carácter. Aromas de nuez, curry, manzana seca y ese eco salino tan propio del Jura. Una experiencia sensorial profunda, meditativa, que habla de tiempo y paciencia.
En tintos, sus Ploussard y Trousseau son de una delicadeza extraordinaria. Fermentados con racimo entero y crianza en fudres o depósitos neutros, ofrecen fruta roja fresca, estructura sutil y un perfil ligero pero persistente. Especial mención merece el vino Fumey Chatelain Non Sin Tou Tsefs, un tinto vibrante, sin sulfitos añadidos, que resume la espontaneidad de la casa.
Vinos con sentido
Beber un vino de Fumey-Chatelain es sumergirse en un Jura actual, luminoso y honesto. Cada botella cuenta una historia de respeto, de territorio y de evolución sin dogmas. Marin Fumey no busca imponer un estilo, sino acompañar al vino hasta su forma más auténtica.
Pese a su tamaño familiar, la proyección de la bodega es global. Sus vinos están presentes en las mejores mesas y tiendas especializadas de Europa, EE. UU. y Asia. Lo que atrae no es solo su calidad, sino su coherencia: una narrativa moderna anclada en lo esencial.
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